El sueño de Samaná y la capital

Todavía hay gente que se pregunta por qué decidí tomar mis vacaciones de principios de año en la República Dominicana. Muchos saben que soy de las que dice “ mientras más lejos, mejor”. Pero en esta ocasión todo es diferente, gracias a María. María me hizo perder parte de mi temporada alta de trabajo,lo cual me restó la posibilidad de tener algo de ahorros a fin de año. Muchos de esos ahorros volaron con los vientos huracanados post María. Entonces, necesitaba más que nunca coger unas vacaciones aunque fueran una vacación corta, de dos semanas en vez del mes que suelo tomar a principios de año. ¿Y a donde se puede ir que sea bueno, bonito y barato? ¡La República Dominicana! Y más aún si eres de los míos que van por la aventura pura. De seguro a mi manera sale más caro que uno de esos hoteles de todo incluido, pero la bendición del viaje viene en esteroides.
Yo ya había estado en Santo Domingo varias veces por diferentes razones, pero mi amado marido no. Esta sería su primera visita a todos los lugares que teníamos platicado visitar y mi primera visita a Samaná! Una de las razones por la cual quería visitar Samaná era por su belleza natural y por que todo el que había estado decía maravillas de este bello y virgen lugar. También, me la paso buscando en donde invertir para mi retiro. Quisiera vivir en un lugar barato donde me de el dinero para seguir viajando y vivir decentemente. Y eso vinimos a ver. Queríamos ver con nuestros propios ojos si este podía ser ese lugar ideal para el retiro.
De dominicanos sabemos mucho, así que no hay mucha sorpresa con la gente. De mis seres más cercanos, los que siempre están ahí para darme una mano en Puerto Rico, son dominicanos. Ellos saben de que pata cojea el boricua y yo se de que pata cojean mis tigres. Así que ya estaba claro que nos entenderíamos en esta bella isla. Lo más que nos interesaba hacer era hacer nuevas amistades dominicanas que vivieran acá y estuviesen conectados con la realidad del país y que nos pudieran dar luz en esa investigación que teníamos por delante.
En la capital nos quedamos en un Airbnb en la Zona histórica. Nítido lugar ya que a pasos nos quedaba todo. Restaurantes locales y turísticos, barras, tiendas de diseño local, monumentos históricos y más. Pero lo más nítido de este Airbnb fue nuestro host, El gran Pedro Jose, como lo llamó su madre. Pedro es un joven de 27 años que está en todas. Aunque de clase media o quizás media-baja, su madre le dio una buena educación y ha tenido la bendición de salir varias veces de RD por tener visa y familia en los Estados Unidos. Eso le ha dado una visión menos conservadora de la gente y la vida. Aunque aceptó que estaba un poco escandalizado con mi foto de perfil de Airbnb por que tengo de raíz a puntas en pelo azul. Pensó que podía ser una loca problemática y que su madre moriría al verme. ¡Sobrevivieron! Pedro fue súper amable, atento e informativo en muchos aspectos. Se ofreció a llevarnos de paseo por la cuidad para que nos ubicáramos y presentarnos a los dueños y empleados de los restaurantes que más le gustaban. Decía que era importante que la gente supiera que éramos recomendados por el. Así nos daría mejor servicio.
Esos dos días en Santo Domingo fueron geniales. Bajo lluvia caminamos lo más que pudimos. Cada parada, ¡una presidente! ¿Qué más se puede pedir? Ah, tostones por favor.  Ya yo parezco un plátano de tantos tostones que he comido.
En la capital nos juntamos en las noches con Pedro y su amigo venezolano Max. Los dos trabajan, casualmente, con productos de belleza y tienen una visión empresaria bastante amplia. El problema es el capital. No ganan mucho dinero, hay poco trabajo y no les da para ahorrar. Sobre todo a Max, que nos cuenta de la situación de la familia en Venezuela y dan ganas de llorar. El le manda casi todo el dinero que gana a su familia para que tengan para comer. Pero nos comentaba que en ocaciones no es que no tengan el dinero para comprar, sino que no hay que comprar. Me puso triste esa conversación y me vino rápido a la mente el pensar en como podría ayudarlo. Aún estamos maquinando la manera en el que me pueda ayudar a mi en mis planes empresariales en la República y yo a el en hacer una mejor vida para ayudar a su familia. Dura la cosa.
Y nos tocó partir a Samaná. La tierra prometida para nosotros los adictos al trópico virgen y sereno. Alquilamos un coche en la capital y a manejar al norte. El camino es hermoso. Es una autopista está en buenas condiciones. Los peajes son varios y algo costosos pero vale la pena el camino por ser súper seguro. La velocidad es baja, así que va uno paseando y disfrutando el paisaje sin prisa. A las dos horas ya se veía el mar desde la ruta turística y ahí me enamoré yo. Desde la montaña se veía la transparencia del Mar. Color azul turquesa, arena blanco y sobre todo, la combinación perfecta para mi que es ¡CAMPO-PLAYA! Una belleza extraordinaria.

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De ahí nos dirigimos a nuestro segundo Airbnb. Yo había decidido quedarnos en El limón por que quería primero conocer la tan popular cascada El limón y luego las playas. Llegamos a casa de Graciella. Una italiana de 75 años que está como coco. No podíamos creer la edad cuando nos la dijo. Graciella lleva 15 años viviendo en Las Terrenas, Samaná, pero ya nos cuenta que se va. Se cansó de muchas cosas de la República y quiere pasar tiempo con sus nietos en Milano. Cuando llegamos nos dice que había ocurrido una huelga y que unos seres no muy inteligentes, había cortado los cables de la luz dejando a todo El Limón sin luz desde Enero. José Ramón y yo nos miramos a los ojos y nos reímos. En nuestra mente pensábamos en que el espíritu del huracán Maria no nos quería soltar y que tendríamos que sufrir lo que están sufriendo nuestros amados compatriotas donde quiera que pisáramos. Pues nada, a plata eléctrica por 4 horas y a dormir sin abanico. Gracias a dios que la temporada está súper fría. Un invierno tropical a to’ fuete. Vientos súper fríos y fuertes, lluvia casi las 24 horas, así que no estaba mal dormir sin abanico. José Ramón y yo teníamos Ron y coco, así que tomamos y nos anestesiamos. Caímos amorosos y sedados.
Ese primer día en Las terrenas nos fuimos a explorar las playas. Es un paraíso, pero nos comentó Graciella que en menos de tres años el mar se ha comido la arena de la plata. Que no es mi la mitad de lo que era antes y que Las Terrenas estaban perdiendo su encanto por exceso de construcción y turismos. Cuando visitamos lo vimos. Va rápido y los precisos, por las nubes. Digo, tan caro como Puerto Rico, pero nosotros siempre vamos buscando lugares económicos donde nuestro dinero rinda por lo menos el doble. De todas maneras las playas son hermosas y el servicio de los que trabajan los chiringuitos de la playa es excelente. Allí pasamos largas horas
Al otro día nos levantamos y nos fuimos a la cascada.
  • A pie o en Carballo? – preguntó Santos, el todo lo puede de la propiedad. Nativo de la zona y muy simpático.
Santos nos llamó a su hijo Gregori, el cual se ofreció a llevarnos por la caminata de casi una hora para llegar a la majestuosa cascada. Y nos fuimos siguiendo sus pasos en chancletas, lo cual a mis ojos solo lo hacen los locales.
Cruzamos tres veces el rio en cada dirección. Yo, muy clara de no querer andar con los pies mojados, me quitaba los tenis a la orilla del rio y caminaba un rato sin zapatos y otro a pies descalzos. Cuando ya habíamos pasado los tres tramos de río, me ponía de vuelta los tenis. Eso de andar en fango con chancletas no se como coño lo hacen. Prefiero estar descalza. A varios minutos de la gran cascada llegas al tope de una montaña donde hay un kiosko con una vista de la cascada espectacular. Esta, sin duda, es una de mis favoritas. Creo que todavía Chiapas, Mexico, gana.
Luego, descendimos a la cascada. Una belleza y perfecto para meterse a refrescará después de la larga caminata y el fanguero en los pies. No lo pensé mucho por que estaban bastante frías las pequeñas gotitas que salpicaban del golpe del chorro gigante a agua con el agua de la poza. Y poco a poco, pa’l agua friiiiiaaaaaa, pero rica! José Ramón prefirió mirarme desde afuera. Le tiene miedo al agua fría. No le digan que yo dije. Al rato comenzaron a llegar grupos de turistas a disfrutar de esta belleza. La mayoría en caballos ya que los dominicanos son buenísimos metiéndote miedo y provocando las ventas de tour a caballo. Uno se atrevió a decir que el camino estaba de hombres, muy duro para una mujer. Me le quede mirando con cara de “ me imagino “ y seguimos sin prestar mucha atención.
Luego de regresar y cambiarnos, decidimos explorar una playa recomendada por locales. Playa Morón, a la cual no pudimos llegar por que están construyendo un gran complejo Turístico el cual bloquea el acceso más cómodo a la playa. Nuestro carrito no podía llegar por el otro camino por el mismo ser de piedra y estar en malas condiciones. Así que decidimos regresar a Las Terrenas y disfrutar de la playa tranquila con pescado frito y Ron con coco. Otro bello atardecer.
Al día siguiente partimos a Dominican Tree House village en El Valle. Próxima historia a contar.
Seguimos gozando la dicha de vivir y viajar!
Laura Om

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